miércoles, 31 de diciembre de 2014

Sobrevivir


Él yace exánime en mis brazos. Ya no verá este nuevo día. Estos árboles y esas montañas. Pero lo que más me duele no es su muerte… Es sobrevivirle.

martes, 23 de diciembre de 2014

La caza de la ballena blanca



Pasos apresurados en cubierta le hicieron levantar los ojos del libro que dejó a un lado precipitadamente. Saltó del lecho y salió del camarote para lanzarse a la escalera que ascendía.

—¡Allí sopla! ¡Allí sopla! … ¡Una joroba como montaña de nieve! ¡Es Moby Dick!

Su vista se posó en la espalda del capitán que se erguía en proa sobre su pierna de madera. La caza había comenzado.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Ojo por ojo


Había encargado a un artista reproducir en pequeño formato el gran cuadro que mostraba a su hija antes del bombardeo. Y sería lo último que verían sus ojos cuando estrellase el zepelín contra la residencia del culpable del ataque. Ya no le quedaba nada que perder, salvo la vida, y la iba a entregar gustoso para acabar con el asesino de su hija y de tantos de sus conciudadanos.

Las alarmas antiaéreas atronaban sus oídos, pero ya era tarde para detenerle. Si le destruían caería sobre el palacio presidencial.

Allá abajo una niña miraba al cielo y en sus brazos se revolvía un gatito. La historia volvía a repetirse.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Blue Night

Las gotas de lluvia resbalaban por el ala de su sombrero. Se subió las solapas de la gabardina para evitar que el agua le empapase el cuello al tiempo que escuchó un repicar de tacones sobre la acera mojada. Una rubia platino se acercó con una sonrisa provocativa mientras él miraba sus piernas mojadas y su contoneo.

—Espero que no lleves mucho esperándome —dijo ella mientras abría ligeramente su gabardina para mostrarle que no llevaba nada debajo.

Como respuesta él la empujó suavemente hasta un callejón en penumbra y terminó de abrirle la gabardina mientras besaba su cuello y deslizaba la lengua hacia sus pechos.

La calle estaba desierta. Nadie escuchó los gemidos de placer, ni escuchó sus jadeos acelerados poco antes de llegar al clímax. Tampoco llegó a oídos de nadie el crujido del cuello de la chica rompiéndose cuando él se derramó dentro de ella.


Nunca me he sentido muy cómoda con esta temática, pero tampoco huyo de ningún reto. Una amiga me preguntó si sería capaz de hacer un micro con temática erótica y, bueno, esto es lo que surgió.

viernes, 21 de noviembre de 2014

La partida

Observaban con tristeza las columnas de vapor que surgían de las chimeneas mientras las bielas y los engranajes comenzaban a despertar y los operarios se apresuraban a comprobar los motores. El puerto se había convertido en un hervidero de personas atareadas. Se miraron.
—¿Me escribirás? —le preguntó ella.
Él levantó la vista al cielo con resignación.
—Te repito que en Marte no hay oficina de correos.
—La verdad es que ya no me quieres —se quejó ella mientras observaba lánguidamente cómo ascendían hacia el cielo los barcos de propulsión a vapor.


Un intento steampunk después de haber acudido a la EurosteamCom de Zaragoza. Es difícil tratar el tema en un microrrelato sin caer en los tópicos :/

sábado, 1 de noviembre de 2014

Cualquier noche

Los lloros del niño rasgaron el silencio de la noche. No tardó en encenderse una luz en respuesta y su madre se acercó a la cuna.
—¿Qué ocurre, cariño?
El pequeño dejó de llorar y fijó sus ojos en ella.
—Vamos, no llores más.
Se inclinó para cogerlo, pero se detuvo unos segundos y giró su cabeza para mirar tras ella. Creía haber notado a alguien allí, pero sólo encontró oscuridad. Volvió a agacharse y miró al pequeño que seguía silencioso, pero inquieto.
—No hay nada que temer, mamá está aquí.
Un escalofrío le recorrió la espalda y vio al niño mirar más allá de ella con los ojos fijos. Un susurro como una larga inspiración y un aliento frío le acarició la nuca. La luz se apagó y un bulto cayó al suelo con estrépito. El niño volvió a llorar, pero ya nadie fue a consolarle.

Este micro lo presenté a un concurso, pero sólo consiguió quedarse entre los 10 mejores de 150. Seguiremos intentándolo.

Venganza

Les arrancaste los ojos, les pintaste la cara, les quitaste las piernas, los brazos. Y ahora te condenaron a bailar para ellos sin descanso, hasta que tus pies ensangrentados no te respondan y caigas mortalmente rendida. Esa será su venganza.



Surgió en una noche de halloween cuando ya había apagado la luz para irme a dormir. Tuve que volver a encenderla para escribirlo. Fue un rapto, de ahí la brevedad del micro. Creo que ha sido el más corto que he escrito hasta ahora.

viernes, 24 de octubre de 2014

Carmen de Bizet

Sus gorgoritos se oían en todo el pueblo. Llevaba así desde que le regalaron el CD.
—Mira —le dijo en broma su amiga—, te han compuesto una ópera, Carmen.
Y desde entonces no había hecho otra cosa que cantar y cantar.
—Quiero conseguir romper una copa con mi voz —le dijo a todo aquel que quiso escucharla.
Y un buen día lo consiguió. Lástima que además de la copa arrasase con el pueblo entero.


domingo, 5 de octubre de 2014

Cultivando que es gerundio

Todavía no entiendo por qué empezaron a cultivar gnomos en esas campanas transparentes. ¿Para qué sirve un gnomo? Vale, queda muy bonito en el exterior de las casas, allí, junto a los caminitos de tierra. Pero, ¿no podemos ponerlos de porcelana? Antes eran de porcelana hasta que esas organizaciones para la liberación de los gnomos de jardín comenzaron a meter sus narices en nuestros asuntos. Seguro que ahora salen otros y comienzan a decir que no podemos cultivar gnomos. Que si es una crueldad encerrarlos en campanas de cristal, que si también son seres vivos. Ya me gustaría que se les comiesen las lechugas de sus huertos. No les gustaría tanto. En fin, sigamos alimentándoles. A ver... que viene el avioncitooooo...


lunes, 29 de septiembre de 2014

La cosecha

La silenciosa noche trajo a los extraños. Se movían por la selva sin ruido. Nadie en el confiado poblado llegó a verles. Se deslizaron al interior de las cabañas de dos en dos y comenzaron a hacer desaparecer los cuerpos de sus moradores dejando sólo un aura brillante que introducían en unas cajitas transparentes. Mientras llevaban a cabo su misión algunos articulaban extraños chasquidos con los que parecían comunicarse. El más alto del grupo lanzó un estridente cloqueo y todos se reunieron en el centro del poblado portando su brillante carga. Después desaparecieron dejando tras de sí un pueblo vacío.


jueves, 18 de septiembre de 2014

Cuaderno de Bitácora: París día 2: Museo Cluny

Temprano, para no desaprovechar ni un solo minuto de nuestra estancia, nos despertamos y, después de planteado el día, bajamos a disfrutar de nuestro desayuno francés. Busqué los tan famosos croissant parisinos, pero sólo encontré a sus pequeños vástagos que lloraban mermelada en cada mordisco. No nos desanimamos por eso y salimos en busca de la estación de metro que sería nuestra referencia durante toda nuestra estancia, la estación de Cadet.

Para avanzar a veces tienes que retroceder. Después de consultar el plano del metro descubrimos que la forma más rápida para llegar a nuestro primer destino era ir en dirección contraria a como pensábamos. Línea 7 dirección La Courneuve hasta Gare de L’Est donde tomamos la 4 dirección Porte d’Orléans hasta la mismísima estación de Saint Michel.


Salir de la estación y encontrarnos con uno de los rincones más bonitos de la ciudad nos sorprendió. La plaza de Saint Michel.


Una figura de San Miguel luchando contra el diablo, obra de Francisque-Joseph Duret, a cuyos pies se encuentran dos ¿leones con cola y alas?, aunque en algunos lugares he leído que eran dragones. Juzgad vosotros mismos.


En nuestra anterior visita no habíamos llegado a esta coqueta fuente que volveríamos a ver un par de veces más a lo largo de nuestra estancia. Zona turística y comercial de souvenirs cercana a Notre Dame.

Pero ese no sería hoy nuestro destino, todavía no. Una de las visitas pendientes de mi anterior estancia fue ver el Musée National du Moyen âge, también llamado Musée Cluny por haber sido sede del hospicio de los abades de Cluny, situado en la plaza Paul Painlevé. Así que siguiendo la estela de un grupo de turistas jubilados precedidos de una guía llegamos a las puertas del museo.



Un cartelito junto a la entrada nos informaba de que la entrada al museo costaba 8€ para los adultos y de que para los menores de 18 años era gratis. Agradecidos por este detalle traspasamos las puertas a la Edad Media. Mi único pesar fue que, en principio, entendí que no podían hacerse fotos, así que decidí empaparme de toda la información que pudiese asimilar. Así comenzamos el recorrido hasta llegar al panel en el que se hablaba de la cerámica y cuál sería nuestra sorpresa cuando, entre nombres de lugares diversos encontramos el nombre de Muel en donde se alababa su cerámica. Una sonrisa de oreja a oreja se nos pintó en el rostro, como si hubiéramos visto a un viejo conocido donde no esperamos verlo. Desafortunadamente seguía respetando las normas y no pude hacer ninguna foto… zona romana con las termas, inscripciones… hasta que llegué al motivo principal de mi visita al museo: los tapices de La dama y el unicornio, del siglo XV. En una habitación oscura con una suave iluminación aparecieron ante mis ojos los tapices que representaban los cinco sentidos y el último: “À mon seul désir”. La sensación de estar delante de ellos fue indescriptible. Comencé a recordar lo leído en el libro de Tracy Chevalier y no pude evitar explicar a mi hija y mi marido las alegorías. Y en aquellos momentos alguien disparó una cámara junto a mí. Mi sorpresa fue mayúscula cuando el vigilante que había en la sala la miró y no dijo nada. Otra cámara más allá y el vigilante seguía sin decir nada. No me lo pensé dos veces. Quité el flash automático y me dejé llevar por la belleza de los tapices.






A partir de ese momento me dejé llevar disparando a discrección: las joyas del tesoro de Guarrazar,



los vitrales, el cuerno de unicornio... perdón, me he entusiasmado. Quise decir el cuerno de narval.




Incluso un olifante que siempre me hace recordar el Libro de Alexandre. Por supuesto tampoco desperdicié la oportunidad para fotografiar las armas, cota de mallas y todo lo referente a la panoplia guerrera para futuros relatos. Hasta llegar a una sala que me hizo lanzar una exclamación mal contenida. Fue como entrar en una pequeña catedral gótica en donde me demoré más de lo que mis acompañantes pudieron aguantarme. Desde aquí quiero agradecerles la paciencia que tienen conmigo cuando me entusiasmo de esta manera.




Y al salir al mundo moderno, después de pasar por la tienda de recuerdos, aún me quedaría una sorpresa esperándome, varias gárgolas asomándose a la calle vigilantes del tesoro que guardaban.






Alguna incluso parecía intentar ver más allá, tal vez tratando de comunicarse con sus hermanas de Notre Dame.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Cuaderno de Bitácora: París Día 1

Mis ojos buscaban ávidos la ciudad desde las alturas. Los dedos se agarraban al reposabrazos del asiento cada vez que el piloto hacía una maniobra, pero esta vez no quería perderme la vista de la ciudad desde los cielos. Quería disfrutarla con mi hija, sentada a mi lado, cuyos ojos brillaban con ilusión. Por fin, vería cumplido su sueño de visitar la ciudad de la luz. Descubrimos una pequeña ciudad con una iglesia preciosa, gótica. Lamentáblemente no llegué a saber su nombre. Mi francés no llega para entender lo que el piloto explicaba por los altavoces o quizá ni siquera estuviese hablando de lo que teníamos bajo nuestros pies.

Nos recogieron en el aeropuerto Charles de Gaulle para acercarnos al hotel que habíamos contratado. El camino discurrió intentando localizar edificios conocidos, pero no fue hasta que estuvimos cerca del hotel cuando empecé a reconocer algún lugar. Google Maps es un avance en esto del turismo y mis ojos se deslizaban hacia las placas de las calles para reconocer alguna de las que nos acercaba a nuestro destino. Después de circular a través de un laberinto de calles y callejuelas llegamos, por fin.

Nos faltó tiempo para salir a tomar contacto con los alrededores. Habíamos calculado los días que estaríamos y los abonos que oferta la ciudad, así que aquella tarde decidimos comprar billetes sueltos para desplazarnos en metro. Sin muchos problemas llegamos a la estación que habíamos localizado como la más próxima a nuestro alojamiento, la estación de Cadet, pero antes de bajar sus escalones una sonrisa se nos dibujó en el rostro al ver un establecimiento de comida rápida conocido que archivamos en nuestra memoria como posible salvador en caso de apuro culinario, y unos metros más lejos otro local de marca conocida de cafés que decidimos visitar en futuras expediciones. Como buenos turistas prevenidos descendimos las escaleras tomando nota de lo que sucedía a nuestro alrededor, aunque fueran las siete de la tarde todavía. Nos dirigimos a la máquina expendedora donde volvimos a comprobar los abonos de transporte y estando allí una chica no mayor que mi hija se dirigió a nosotros en inglés. Al comprobar que éramos españoles volvió la cara hacia un hombre que luego presumimos sería su padre que, muy amablemente, se acercó y nos explicó sus intenciones. Habían comprado un lote de abonos para el metro y se iban aquella misma tarde con lo que no los necesitaban e iban a perderse. Como buena turista desconfiada levanté una de mis cejas con gesto incrédulo al mismo tiempo que el señor, mejicano para más señas, nos dijo que nos los regalaba, que no quería nada, simplemente  no quería que se perdiesen. Nuestra cara de sorprendidos debía de ser un poema. Con una sonrisa nos los entregó y se despidió alegremente mientras nos deseaba buena estancia. Nos miramos todavía sin reaccionar ante la situación y conseguimos exclamar un “gracias” antes de verles desaparecer por las escaleras hacia la calle. Un punto a favor para la raza humana. Así que cogimos nuestros billetes regalados y procedimos a pasarlos por la máquina para tal uso. Antes, en la recepción del hotel, nos habían regalado un plano de París con su plano de metro correspondiente y habíamos decidido coger la línea 7 en dirección Ivry-Villejuif  hasta Louvre y luego tomar la línea 1 dirección La Defence hasta acercarnos lo más posible al Arc de Triomphe. Como había sucedido hacía 19 años en nuestro primer día en París y visitando el mismo monumento, al salir del metro nos recibió una fina lluvia que, conforme nuestros pasos nos acercaban a nuestro destino se hizo más insistente, hasta tener que parar un par de veces a refugiarnos bajo los aleros de Les Champs-Élysées. Apuntamos mentalmente no volver a salir sin paraguas por muy buen día que pareciese hacer. Eso sí, tuvimos la oportunidad de comprobar el gran número de tiendas que poblaban dicha arteria. Y después de alguna que otra parada y de mirar insistentemente al cielo para ver si la lluvia decidía dejar de saludarnos, llegamos al Arc de Triomphe.


Allí descubrimos lo que un turista profesional puede llegar a hacer para conseguir un selfie. Decidiendo no arriesgar nuestras vidas en el primer día de estancia preferimos hacer las fotos al estilo tradicional sin poner en peligro nuestra integridad física y llegamos hasta el andador que posibilita que un peatón llegue sin contratiempos junto al monumento donde procedimos a hacer lo que todo turista hace cuando llega allí, localizar su ciudad en el muro del arco.


Mientras cada uno nos dedicábamos a buscar la mejor foto recorrimos los pies del monumento hasta llegar a la llama que recuerda al soldado desconocido y que, posteriormente, supe que se mantenía encendida siempre. La verdad es que ver a un soldado de carne y hueso junto a ella armado hasta los dientes me causó cierto desasosiego. Como ya se hacía tarde y todavía no habíamos siquiera deshecho las maletas decidimos ahorrarnos las 286 escaleras y volver a los alrededores del hotel a buscar dónde comer, aunque lo que nos dominaba era el cansancio y no el hambre, así que volvimos a realizar el trayecto de forma inversa hasta salir por las escaleras de la estación de Cadet donde nuestros ojos se detuvieron en el conocido cartel de la cadena de comida rápida que sería aquella noche nuestra salvación. 

sábado, 21 de junio de 2014

La espera

Se había acercado a un pequeño prado al dejar de caer las luces del cielo. No era un chico valiente, pero sí muy curioso y el sonido que había escuchado cuando todo acabó había sido demasiado atrayente para él. En el momento que la última bola cayó del firmamento comenzó a oírse una suave música como si miles de voces cantasen a coro. Se lo había dicho a sus padres, pero ellos no oían nada y le prohibieron salir de casa hasta que las autoridades competentes explicaran el fenómeno que habían presenciado. Pero nadie sabía de qué se trataba y todos esperaban y contenían la respiración aguardando algo, aunque no supieran qué.
Al llegar al prado vio que no estaba solo. Otros compañeros del instituto habían acudido también al claro y paseaban entre las enormes esferas que lo cubrían. Algunos, los más osados, deslizaban las puntas de sus dedos por encima de ellas.
—Están calientes —comentó uno de ellos y el resto asintió y guardó silencio.
Siguieron paseándose entre ellas, escuchando aquella música que les había atraído sin saber lo que era ni qué hacían allí. Todos sentían que debían esperar algo... y en ese momento sucedió.



Me puse a escribir este microrrelato para el blog de mi amiga (El Universo de las Palabras Perdidas) y me di cuenta de que podría enlazarlo con la foto del anterior reto, así que escribí los dos relatos uno detrás de otro. Incluso podría llegar a convertirse en algo más que dos microrrelatos relacionados, ¿quién sabe?.

Lluvia de estrellas

—Mamá, mamá, las estrellas se caen del cielo —gritó la pequeña excitada.
Su madre la miró con una sonrisa.
—Son estrellas fugaces, Silvia, ya hablamos de ellas.
—Pero hay muchas, mamá. Y están cayendo al suelo.
La mujer frunció el ceño, se secó las manos en su delantal y acompañó a su hija que daba pequeños saltitos con nerviosismo mientras salía delante de ella al jardín.
—Mira mamá —dijo la pequeña señalando al cielo.
Cuando miró hacia el cielo no pudo comprender lo que pasaba. Realmente parecía que las estrellas estaban abandonando el firmamento para caer en la Tierra. Entrecerró los ojos mientras seguía una de ellas con la vista y luego abrió los ojos desmesuradamente.
—Silvia, entra en casa.
—¿Qué pasa, mamá? —preguntó la niña con temor.
—Entra en casa te digo —ordenó su madre mientras cogía la manita de su hija con firmeza—. Al sótano.
Mientras, fuera de la casa, seguían cayendo bolas de luz. Una de ellas aterrizó con gran estrépito en el jardín que acababan de abandonar y siguió brillando con un parpadeo como si esperase algo...


Foto: Myrna Alvarado

lunes, 9 de junio de 2014

De la Tierra a la Luna

—¿Estás seguro de que allí encontraremos sus almas?
—Monsieur Verne lo aseguró  —le contestó su compañero.
—Monsieur Verne creo que se burlaba de ti —opinó el otro hombre con gesto dubitativo—. Contestar riéndose “por supuesto” a tu pregunta de si las almas suben hasta la Luna no creo que sea asegurar nada.
—Eres un incrédulo, ¿dónde van a ir si no?
—¿Al Cielo? —sugirió el otro.
—¿Y dónde está el Cielo? ¿Tú lo ves? Hemos ascendido como ningún otro hombre lo ha hecho y lo único que vemos es la Luna cada vez más cerca.
Su acompañante observó el enorme satélite que cada vez estaba más cerca... creo que ya había quedado claro.
—¿Y por qué no hemos utilizado un cañón como monsieur Verne? —siguió preguntando.
—Porque no teníamos ninguno y él no me replicó cuando le expliqué mi idea del globo —continuó argumentando su compañero.
—No pudo porque le dio un ataque de tos de tanto reírse —contradijo su amigo no muy convencido.
Ya podían verse claramente los cráteres y el satélite era diez veces más grande que el enorme globo que los impulsaba.
—Hombre de poca fe —dijo el más viejo con una sonrisa—. Ahora sólo queda aterrizar.
—“Alunizar” querrás decir.
El otro le miró enfadado mientras soltaba el aire del globo y la barquilla iniciaba su descenso hasta alcanzar tierra… quiero decir, luna. El golpe estremeció a sus dos ocupantes que se sujetaron el sombrero con una mano mientras se agarraban al borde de la barquilla con la otra.
—Bien, y ahora ¿por dónde comenzamos la búsqueda? —preguntó el más joven.
—No estoy seguro —respondió su compañero.
Un hombre de grandes bigotes apareció ante las miradas sorprendidas de ambos pasajeros.
—Bonjour mes amis —saludó.
Ambos lo miraron perplejos.
—Es de buena educación contestar a los saludos —les conminó el extraño hombre atusándose los largos bigotes.
—Bonjour monsieur…
—De Bergerac, Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac. ¿Acaso no conocen mi historia? Permítanme que se la relate.
El hombre carraspeó mientras comenzaba.

—Ésta es la historia de cómo Cyrano llegó a la Luna… “Estaba la Luna en lleno y el Cielo despejado, y ya habían sonado las nueve de la noche…”


Me acababa de terminar un cuento de Roberto Malo y Francisco Javier Mateos con preciosos dibujos de David Guirao (El príncipe que cruzó allende los mares) y todavía tenía que escribir mi microrrelato semanal para el blog de mi amiga (El Universo de las Palabras Perdidas) cuando la idea inicial comenzó a deformarse como vista a través de las gafas del Conejo Blanco del País de las Maravillas y surgió este relato. Ha sido como volver a aquel Cementerio de Conejitos Zombis donde se mezclaban la locura con las buenas letras y las risas entre amigos con poemas. Este relato está dedicado para todos vosotros, mis querid@ Conejit@s Zombis. Os echo de menos.

miércoles, 4 de junio de 2014

¡Corre!

Fue en Nochebuena. La última Nochebuena tranquila aquí en Londres. Entonces no sabía nada de alienígenas, invasiones ni viajes en el tiempo. Había salido a hacer las últimas compras de navidad cuando oí un grito cercano. Una chica corría en mi dirección. Su cara reflejaba terror, pero yo todavía no sabía qué era lo que la asustaba tanto hasta que descubrí algo que cambiaría mi vida para siempre. Un grupo de maniquíes la seguían con pasos inseguros. Los había de niños, de mujeres, de hombres; unos sin cabeza, otros simples piernas. La situación era tan absurda que no supe reaccionar y seguí observando cómo se acercaban. Entonces alguien gritó junto a mí:
—¡Corre!
Aquella noche cambió mi vida. Aquella noche conocí al Doctor.

Foto: Esteban Navarro

Hace varios años un amigo me recomendó la serie de Doctor Who y la verdad que en un principio me pareció una patochada, pero seguí viendo sus capítulos e incluso mi hija Sara se unió a mí. Y he llegado a esperar los especiales de navidad y el especial de los 50 años como si fuera una fan más. Ahora quiero hacer un pequeño homenaje tanto a la serie como a todos los amigos, y son muchos, que siguen esta longeva serie. Va por vosotros. Todos somos los "companion" del Doctor.


jueves, 22 de mayo de 2014

La búsqueda 2

El abuelo me contó la historia del Milagro y me aseguró que se había hundido no muy lejos de nuestra casa, así que esa noche salí a comprobarlo. Cogí una linterna y me dirigí a la cala. Desde ella podría ver el barco... si realmente aparecía. Al llegar allí me sentí un poco tonto, pero hacía una noche tan agradable que decidí disfrutar de ella. Llevaba un buen rato mirando al mar cuando me pareció ver una sombra sobre el agua. Una nube caprichosa ocultó en ese momento la luna llena y tuve que forzar la vista para descubrir qué era aquello. Aún esperando su aparición no pude evitar maravillarme de la visión del bergantín surcando las aguas. Y allí, en el puente de mando, el capitán del Milagro y la capitana del Delfín unidos en un eterno abrazo. Sus ojos me miraron y sentí una profunda tristeza y, a la vez, la alegría de saber que el amor puede vencer a la muerte.



La imagen del barco fantasma lleva tiempo rondando por mi cabeza. Las imágenes de barcos de vela antiguos pueblan mi perfil de Facebook. Ya escribí un microrrelato sobre un barco y a partir de ahí escribí una continuación que todavía estoy puliendo. Ahora aprovecho para añadirle un final. Tal vez algún día surja el relato completo y me de por satisfecha del resultado.

domingo, 11 de mayo de 2014

Tras las líneas enemigas

—Creo que me han descubierto.
—¿Qué?
—Al menos sospechan algo.
—¿Cómo se te ocurre venir aquí? —se quejó la otra mujer mientras miraba disimuladamente a su alrededor—. Nos pones a todos en peligro.
—Pero tengo miedo. Quiero que me saquéis de aquí. No puedo seguir con esto.
—No es tan fácil —contestó la otra mientras notaba un movimiento a su izquierda entre los arbustos—. Juraste que defenderías a tu país, que te sacrificarías por él.
—Pero soy muy joven para morir. Tengo toda la vida por delante…
—Yo también —contestó la otra mujer mientras sacaba una pequeña pistola de su bolsito y le apuntaba entre los ojos.
Disparó al tiempo que veía como de los arbustos salían varios hombres uniformados corriendo en su dirección. Se levantó mientras observaba el cuerpo de la otra mujer deslizándose al suelo y oscureciendo la tierra con su sangre. Se colocó la pistola en la mandíbula sin apartar la vista de los hombres que ya estaban casi junto a ella y volvió a disparar.


martes, 6 de mayo de 2014

Ella

Me gustaría ser esa
De la que anhelas un beso.
Pero sé que nunca lo seré.
Nunca seré ese cuerpo junto al tuyo.
Ni mis dedos recorrerán tu piel, tus labios.
Jamás diré eres mío ni yo soy tuya.
Ni me entregaré como nunca lo he hecho
Ni me perderé en tus brazos
Ni respiraré tu aroma
Ni descubriré tu sabor
No apoyaré mi cabeza en tu pecho
Ni me acurrucaré en tus brazos
Y lo sé, porque yo no soy ella.


Liberación global

El vendedor ambulante de alegría recorría la playa con su cargamento multicolor. Una pareja gris se acercó a él y, como magos siniestros, sacaron unas pequeñas tijeras y una billetera de la nada. Podrían haber sido dos amantes de los globos, pero eran dos policías de paisano. Las tijeras cortaron la ilusión del ambulante mientras su rostro se reflejaba en la chapa del agente. Las sonrisas y gritos de los niños acompañaron la huída de los presos, pero el vendedor no reía. Con ellos se marchaba el pan de aquella noche.


Este micro me lo inspiró la mirada de mi hija cuando contempló una situación semejante cuando era pequeña.

sábado, 26 de abril de 2014

El hombre Omega

Era el último. Todos los suyos habían muerto ya. Tantos años acabando con especies y ahora los humanos eran animales en extinción. Esta vez la madre Gaia no protestaría. Los engulliría para liberar a sus otros hijos de este bastardo que nunca debió de nacer. Pero todavía quedaba un hombre en cuyas manos estaba la salvación o condenación de toda su raza. Y ahora marchaba solo por lo que años antes había sido una calle concurrida, acompañado únicamente por sus pensamientos. Podía salvar a la Humanidad gracias a sus estudios genéticos, pero tal vez fuera mejor arrancar aquel parásito, aquella carcoma que roía la Tierra. Se detuvo para mirar el sol que calentaba sus huesos y una frágil mariposa se posó en su hombro. La miró. Ahora estaba seguro de su decisión.


Café Cocó

A Margott y a mí nos encanta acudir al Café Cocó, siempre tan chic y rebosante de conocidos. Charlamos, reímos y, de vez en cuando, también bailamos un foxtrot si algún caballero nos invita a ello. Nunca estás sola allí y puedes pasar toda la noche sin pensar en nada, porque todos ríen como si todavía conservasen la vida.


Cronos

Los señores del tiempo no podían permitir que nadie atesorase horas, minutos, segundos. A eso sólo tenían derecho ellos y cuando aquel músico descubrió la forma de poseerlo se convirtió en uno de ellos y eso era intolerable. Preferían destruir el mundo y volver a crear uno nuevo antes que compartir su poder. Así que enviaron a uno de sus sirvientes a destruir el Reloj Supremo, el que desgranaba los momentos. Y con el último chasquido de su mecanismo se detuvo el mundo.


jueves, 24 de abril de 2014

La maldición del pintor

Traté de advertirle. Mi maldición, la maldición del pintor, le alcanzaría también a ella si cometía el error de amarme. Pero no me quiso escuchar y yo no pude resistirme. Nunca puedo, esa es mi maldición. Y ahora el lienzo ha atrapado su alma para siempre y allí quedará, convertida en una de mis pinturas, como las otras, como tantas otras. Y yo derramaré mis lágrimas por ella, ante su imagen. Pero volveré a caer con otra mujer y una nueva pintura se añadirá a todas ellas, componiendo mi extensa y aclamada obra.


Opuestos

Si tu eres la fuerza
yo soy la ternura.
Si tu eres la prisa,
yo soy la templanza.
Si tu el fuego
yo la brisa.
Si tú el comienzo,
yo el destino.
Tan diferentes
y en el fondo
sin uno no hay otro.



Amantes

Tus labios se acercan hasta mí despacio
como si quisieran decirme algo,
como si buscaran algo que perdieron
y que ansían encontrar.

Les dejo acercarse
como un cazador a su presa
los espero con ansia,
los miro con deseo.

Deslizo un dedo por esos labios
que ahora me nombran en un susurro
como si fuera una oración
como si fuera una leyenda
contada por los mayores ante el fuego.

Sigo las lineas de tus labios con el dedo
y los miro como si no los conociese
fijándome en cada detalle, en cada curva
hasta llegar a tu barbilla.

Desciendo siguiendo tu cuello
y me detengo un momento
solo para llamar a mi boca
y que ella siga el camino
comenzado por mis dedos.

Mi lengua se niega a avanzar
sin antes conocer el origen,
la patria que mis dedos abandonaron
y desanda el camino que aquellos realizaron
volviendo por tu garganta
hasta llegar a tu boca.

Tu boca que para mi boca
es patria, destino y descanso
Y en ella se detienen
mientras mi lengua busca a su gemela
y la encuentra entre tus labios.



No soy muy dada a la poesía. Realmente no se me da muy bien. Este es uno de los pocos poemas que he escrito y fue para una especie de contienda para celebrar un día de los enamorados en cierto foro donde comencé a dejar que otros leyesen lo que surgía de mi cabeza.

Cuentos

Mi abuelo siempre me había contado que las momias se guiaban por el movimiento. Él vivió durante muchos años en Egipto, así que supongo que sabía de lo que hablaba. Espero que fuera verdad lo que me decía y no se tratase de un engaño para que permaneciese quieta en mi cama y no le molestase mientras bebía su brandy. Porque aquí estoy, inmóvil como estas estatuas de mi derecha, tratando de que esa criatura que salió del sarcófago no haga conmigo lo que hizo con mi padre y mi hermano. Ya oigo sus pasos. Ese lento arrastrar que hiela mi sangre. No debo llorar, no debo respirar. Pero mi corazón parece retumbar en esta fría sala, delatándome. Se acerca a mí y cierro los ojos. Si la miro gritaré y me descubrirá. La siento más próxima. Si estuviese viva notaría su aliento en mi cara. Parece husmear el aire… Abuelo, te odio por mentirme.


miércoles, 23 de abril de 2014

La búsqueda

Sus manos, curtidas tras largo tiempo en la mar, se aferraban ávidas a un cabo que había formado parte de las jarcias del Milagro. Si sólo pudiera hablarle, decirle que llevaba una eternidad persiguiendo esos ojos negros que había buscado en cada mujer que encontraba y en cada barco que abordaba. Esos ojos que habían poblado cada sueño desde hacía tanto que ya no recordaba haber soñado nada más en su vida. Y los había encontrado en ella. En esa noche aciaga en la que sus dos navíos se encontraron a la luz de la luna llena.

Una forma oscura se acercó a él despacio y al levantar la vista volvió a ver aquellos ojos mirándole desde lo alto del castillo de proa. Por unos segundos creyó encontrar reconocimiento en los mismos, pero ya estaba cansado de luchar por su vida y dejó que el mar se cobrase su deuda. Las aguas lo arrastraron al fondo mientras unos ojos negros le acompañaban en su descenso.


Este es uno de los que más me gustan, tanto que lo estoy continuando para un relato más largo. Espero poder deciros dentro de un tiempo que el relato ya está completo. Como muchos de mis amigos saben, porque los fundo a imágenes de barcos en Facebook, me encantan los barcos de vela antiguos y si lo unimos a un personaje que está poblando todos mis relatos de unos meses a esta parte tenemos como resultado este microrrelato y el próximo relato a terminar.

Gaia

Los enormes peces giraban cada vez con más rapidez. Giraban y giraban, como llevaban haciéndolo eones. Y con cada giro nuevos mundos se formaban. Pero aquella vez sería especial. La energía producida por los peces estalló provocando un cambio en las condiciones del espacio. Y un mundo, que estaba llamado a conquistar a sus hermanos, surgió. Pero los peces no lo sabían y siguieron con su danza eterna produciendo nuevos planetas y nuevos sistemas solares. Pero aquel diminuto planeta comenzó a latir con vida propia. Y a expandirse y a contraerse.

Al cabo de millones de años sería llamado por sus habitantes Gaia y en él surgirían seres lo suficientemente inteligentes para viajar a otros planetas y convertirse en los tiranos que someterían al resto de los nacidos de la danza de los peces. Y olvidarían de dónde habían nacido y se autoproclamarían dioses.


¡Conejiiiitoooo!

La plaga se había extendido por todo el país. Demasiados ensayos genéticos habían llevado a muchos seres vivos a la mutación. Las zanahorias ya habían atacado a varios niños pequeños. Habían adquirido conciencia de lo que eran y de lo que les habían hecho y ahora clamaban venganza.

El pobre conejito no intuía lo que le acechaba. Ese dulce, tierno y, ¿por qué no decirlo?, mmmm…. sabroso conejito no sabía que ella se encontraba a su espalda. Se acercó sin hacer ruido deslizándose, arrastrándose, acortando la distancia con el animalito. Suave, pequeño… delicioso. La hortaliza casi se relamía anticipando el sabor del pequeño mamífero. Sus raíces rozaron el suelo provocando un murmullo. El pequeño levantó sus orejitas. La planta susurro:

-¡¡¡Conejjjjiiiiitooooooo….!!!

Este la miró con sus ojillos, movió la naricita… y devoró a la zanahoria mutante.

Recuerda, nunca subestimes a un conejito zombie.




Este microrrelato es uno de mis preferidos. No por lo bueno o malo que pueda ser sino por lo que lleva detrás y por todo lo que me recuerda. Durante un tiempo estuve compartiendo letras, locuras y alguna poesía con una gente maravillosa en un rinconcito virtual llamado "El cementerio de los conejitos zombis". Un lugar donde dábamos rienda suelta a nuestra locura y en donde podíamos encontrar una conejita zombi seguidora de Batman como en la que me convirtió mi amigo Alberto Abad, autor del dibujo. Ellos me ayudaron a dejar de lado mi vergüenza para dejar volar la imaginación con lugares y situaciones ilógicas al modo del País de las Maravillas de Alicia. Gracias a todos mis amigos conejitos zombis por esos buenos ratos pasados.



Dibujo de Alberto Abad, "el Garras"

El tren

La tormenta comenzaba a despejarse por el sur. El tren traía el cielo abierto y con él la esperanza de algo diferente. Ni bueno ni malo, solo diferente.

Las maletas que la acompañaban guardaban los únicos recuerdos que le importaban de verdad. Ni buenos ni malos. Sólo recuerdos.

Tal vez debería dejar también allí esos recuerdos. Que esa lluvia que se obstinaba en empañar sus ojos borrase su vida pasada. Ni buena ni mala, sólo su vida anterior.

El tren se acercaba y ella se levantó de la maleta donde había estado aguardando a su esperanza. Lo miró tratando de descubrir su futuro en él, pero era sólo un tren que venía de la tormenta. Se detuvo junto a ella y abrió sus puertas invitándola. Ella se apartó un mechón rebelde de su cara y subió dejando atrás sus años vividos. Ni buenos ni malos, sólo los años con él.

Foto de Sergio García

El fotógrafo y la ardilla

Una bellota, otra bellota... una nube.
Una bellota, otra bellota... un ruido.
Un clic, dos clic. Unos pasos.
Miro hacia abajo. Un humano. Algo en sus manos. ¿Un palo de fuego?
Otro clic. No, no sale fuego. Es más pequeño. Se lo lleva a los ojos.
Otro clic. Me ha visto. Me detengo.
Otro clic. No estoy muerta.
Una pata, otra pata... voy bajando.
Otro clic y sigo viva.
Una pata, otra pata...
Una pata, otra pata... ya he bajado.
Me apunta. Me detengo. Lo miro.
Otro clic. Algo se mueve en el tubo.
Una pata, otra pata...
Una pata y alargo la otra.
Un círculo se abre.
El círculo se cierra.
Otro clic. Me asusto. Lo miro.
¿Tienes una bellota?



Este fue uno de mis primeros microrrelatos. A un amigo le pareció graciosa la foto y nos retó a que escribiésemos un microrrelato. Pretendía imitar la rapidez y los movimientos nerviosos de la ardilla, de ahí que se trate de frases cortas, como si fueran flashes en la mente de la ardilla.
Le tengo mucho cariño a este micro y quiero que sea el primero a compartir con vosotros.

Bienvenidos

Nunca me había decidido a crear un blog. Algo de vergüenza y mucho de pereza. Además no creía tener nada interesante que contar. Pero hoy hace un año que gracias a un amigo y compañero de foro conocí a un escritor (David Rozas). Éste me puso en contacto con otros escritores y aspirantes a escritor y el gusanillo que había estado aletargado durante años comenzó a crecer. Desde jovencita había escrito novelitas que no pasaban de historias con las que unas amigas y yo echábamos unas risas. Éramos las protagonistas y vivíamos aventuras inventadas. Pero en este año he conocido a buena gente que está en este mundo, sobre todo tengo que dar las gracias a mi gran amiga Ana Vivancos (Wiss para los amigos) que ha sido quien, a fuerza de ser pesada, ha conseguido que lo que escribía saliera a la luz pública. Y éste es el resultado, perder del todo la vergüenza y lanzarme al mundo de los blogs. Aquí iré poniendo mis microrrelatos, género con el que me sentía muy a gusto, pero que con Ana he llegado a querer hasta convertirse en mi género favorito. Traspasad las puertas de mi paraíso y sed libres de comentar lo que os parece. Sed bienvenidos a mi "Sihaya", a mi paraíso fremen.