martes, 22 de noviembre de 2016

Reseña de "Luna: Luna nueva" de Ian McDonald


Difícil hablar sobre este libro. Lo primero decir que es la primera parte de una trilogía y que, al final, te deja como ese último capítulo de la temporada de tu serie favorita, con todo manga por hombro, sin saber realmente qué te puedes esperar del siguiente libro.

Ahora viene cuando debería ponerme a criticarlo, pero no estoy segura de si me ha gustado o no. Las primeras páginas, casi un cuarto o un tercio del libro, se hacen pesadas siguiendo la vida de la familia Corta que bien podríamos comparar con Falcon Crest o Dinastía. Traiciones, luchas por el poder, sexo, negociaciones, complots... hay quien lo ha comparado con Juego de Tronos, pero no estoy tan segura de eso. Comienzas con ganas de que acaben con esa familia en la que no tienes ni uno solo que te caiga bien (bueno, tal vez la pequeña Luna) y después de muchos capítulos de telenovela parece que se pone interesante. Sigues leyendo para ver en qué queda todo y te das cuenta de que sigue la telenovela, pero hay algo que te obliga a seguir leyendo. Alguno de los personajes parece que ya no te cae tan mal y comienzas a ver por qué actúa de la forma en que lo hace. Bien, hasta en Falcon Crest Angela Channing tenía sus razones para actuar como lo hacía. Y ya en las últimas 15 páginas aproximadamente se desencadena el caos y ya no puedes dejar de leer hasta el final.

Ahora viene la reflexión, ¿era necesario lo anterior para llegar a este final? Puede que le sobre mucho relleno (sobre todo la historia de la matriarca que, al menos en este libro, no viene especialmente a cuento). Luego las descripciones de los modelitos que llevan los personajes, que a veces te dan ganas de comprobar que no estás leyendo el Vogue. Con todo eso, el autor corre el riesgo de que se abandone la lectura antes de que comience a interesarte si no estás prevenido por otros que lo leyeron antes que tú. E incluso así.

Así que ahí está mi duda, ¿me ha gustado o no? Sí, pero he estado en un tris de abandonarlo al poco de empezarlo. El autor echa por tierra la teoría de que el comienzo debe enganchar al lector. En este caso no ha seguido esa máxima. Y se arriesga demasiado a que nos demos por vencidos.

Reseña de "Desgracia" de John Maxwell Coetzee


Debo comenzar diciendo que la novela no me ha gustado, pero quiero matizar esta opinión. No me ha gustado por la sensación que me ha dejado al final; una sensación de derrota y conformismo. Sobre todo de esto último. En un principio no simpaticé para nada con el personaje principal. Sus acciones y sus pensamientos estaban totalmente en contra de lo que yo pensaba, pero seguí leyendo esperando que cambiase a lo largo de la novela o que hubiese algo que castigase su forma de actuar. Cuando, a las pocas páginas descubrí que era así, me vi sumergida en una situación en la que me sentía extraña. Los personajes no actuaban siguiendo lo que yo entendía que sería lo lógico. Me rebelaba cada vez que leía cómo se iban hundiendo más y más y, sin embargo, lo aceptaban todo como si fuera lo que tenía que pasar.

Dicen que los buenos autores hacen sacudir algo en tu interior mientras los lees. Pues John Maxwell Coetzee lo ha conseguido. Y ahora vuelvo a mi primera afirmación; no me ha gustado que me sacudiese de este modo y que me dejase esa sensación de impotencia y rabia ante lo que sucedía en las páginas de su libro. Mi primera reacción fue la de pensar que no me había gustado nada, pero al día siguiente, reflexionando, me di cuenta de que había conseguido su objetivo: hacerme seguir pensando en su novela mucho después de haberla terminado. Con unos personajes en los que no me sentía identificada, que no me eran simpáticos, que no se acercaban en lo más mínimo a lo que yo pudiera pensar. Ni siquiera les tuve lástima al final del libro. Me dieron ganas de sacudirles para que entraran en razón. Y creo que esa es el acierto del autor: hacer que nos rebelemos ante sus personajes y sus hechos, ante su conformismo con la situación que están viviendo. Al menos es lo que el señor Coetzee ha producido en mí.