jueves, 12 de enero de 2017

Reseña de "El Gatopardo" de Giuseppe Tomasi di Lampedusa




Comencé este libro con un poco de reparo. Hace muchos años, cuando era pequeña y devoraba todas las películas que echaban por la tele (por aquella época sólo había dos canales y era fácil verlas todas), recuerdo haber comenzado a ver la película basada en esta novela, protagonizada por Burt Lancaster y Alain Delon entre otros. El recuerdo que todavía mantenía era el de que fue una película que no terminé de ver. Ni siquiera creo que la viese más de diez minutos. Así que, cuando me propusieron su lectura, no estaba muy segura, pero le di una oportunidad… afortunadamente. Una novela estupenda sobre la época garibaldina en Sicilia y la decadencia de las clases altas de esta isla.

Encontramos como tres partes bastante marcadas. Una primera parte introductoria, breve, que es seguida por el bloque central, que constituye la mayoría de la novela, en el que vamos viendo el declive de esa nobleza siciliana representada en la figura del patriarca de la familia de los Gatopardo, Fabrizio Salina. Todo a través de sus ojos y de sus reflexiones interiores. El personaje va evolucionando de una rigidez y un inmovilismo de clase, en la que parece que nada cambiará, a dejarse llevar por las nuevas corrientes. Incluso a participar en cierto grado en esos nuevos tiempos, mientras se refugia en sus estrellas, las únicas que se mantienen fieles y permanentes. Pero esa nueva sociedad está muy alejada de todo lo que ha sido su vida y la de su linaje, y termina superándole. A través de sus reflexiones se hace una crítica a toda la sociedad siciliana: la nueva y la vieja; subrayando el inmovilismo de la isla y de sus gentes y apuntando alguna de sus causas. El momento más claro de toda esta crítica es durante la conversación de don Fabrizio y Chevalley. Todo lo que hasta ese momento se nos había ido mostrando en pequeños detalles es expuesto por el príncipe de manera clara y expresa. Se trata de una reflexión muy aguda sobre la situación presente y futura de aquella tierra, dormida y perezosa, según sus palabras. Esta reflexión parece constituir un punto de inflexión, a partir del cual todo se precipita; la decadencia parece acelerarse hasta llegar a su punto álgido en el baile dado por la otra poderosa familia de la isla, los Ponteleone. Curioso que las dos grandes familias estén representadas por animales felinos: los gatopardo y los “leone”. La decadencia de los salones de la casa de estos últimos nos adelanta la propia decadencia de su clase social, todavía poderosa, pero que se ha quedado atrás. Hay otros momentos en los que el autor nos va informando de hechos futuros, y todos presagian esta decadencia social y material, y la ascensión de una nueva clase, más práctica y menos espiritual, pero que, en el fondo, terminará siendo lo mismo. Este contraste también se ve muy claro en los dos matrimonios que se ven gestar en la obra: el de Tancredi, sobrino de don Fabrizio; y el de la sobrina del cura, el padre Pirrone. Ambos realizados más por intereses económicos que románticos.

La parte central de la novela, como he dicho, va muy unida al personaje de don Fabrizio Salina y con la clase social a la que pertenece. Y termina con la desaparición de uno y la otra. La novela podría acabar aquí, pero hay una especie de epílogo protagonizado por las hijas del príncipe, ya ancianas, y la constatación de la decadencia total de su casa y de su clase.

La novela sería la historia de una clase, pero, por encima de todo, es la historia de don Fabrizio Salina, del Gatopardo, como bien nos había anunciado su título.