Galería de personajes

jueves, 29 de enero de 2015

Relatividad


Levantó la cabeza hacia las estrellas. Todo estaba en calma a su alrededor. Solo le acompañaba el silencio. En ese momento se sintió pequeña, muy pequeña. Bajó la cabeza para seguir con su trabajo. Recogió una miguita de pan que habían dejado los últimos excursionistas y volvió a su hormiguero.



Todo es relativo según desde dónde lo mires. Puedes ser un gigante o una hormiga en cualquier momento.

martes, 13 de enero de 2015

El bardo

Sonidos alegres flotaban en la noche estival. Canciones, risas, susurros e historias alrededor del campamento itinerante. Dos niños se acercaron sigilosos para contemplar a los viajeros. Todos los años pasaban por allí por las mismas fechas procedentes de lugares lejanos y en dirección a quién sabe qué lugares maravillosos. Los aldeanos les temían y prohibían a sus hijos acercarse.
—Practican la magia —les decían.
Pero esas palabras no hacían sino despertar más aún la curiosidad de los pequeños. Y todos los años volvían a escaparse para escuchar sus narraciones ocultos en la oscuridad y ver cómo las imágenes flotaban en el aire.
La figura de un dragón plateado se acercó a los pequeños, giró sobre sus cabezas y volvió a la hoguera de donde procedía. El hombre que se encontraba de pie junto a ella sonrió en su dirección y continuó con la historia mientras todos escuchaban atentos envueltos por las imágenes del relato.



El limpiador de sombras

—¡Señoras! ¡Señores! ¡Ha llegado el limpiador de sombras! —Se oyó chillar desde las alturas—. ¡Limpiamos todo tipo de sombras! ¿Tiene mala sombra? ¿En su trabajo alguien le hace sombra? ¡Nosotros acabamos con ellas!
La gente miró sorprendida hacia el artefacto que les sobrevolaba.
—¡Garantizado! —volvió a oírse gritar—. ¡Si no queda satisfecho le devolvemos el dinero!
Primero fueron niños curiosos los que se acercaron al aparato volador que había descendido en la plaza. Pronto a ellos se unieron paseantes ociosos y otros intrigados por la oferta. Al final de la tarde solo una niña conservaba su sombra.
—¿Por qué no vas a que te la quite? —le preguntó una compañera—. ¿De qué te sirve?
—Es mi amiga —contestó la pequeña.
—Eres muy rara —opinó la otra con un mohín mientras se alejaba.
—Son capaces de abandonar una parte de sí mismos y yo soy la rara —susurró la niña mientras se alejaba con la única compañía de su sombra.



miércoles, 31 de diciembre de 2014

Sobrevivir


Él yace exánime en mis brazos. Ya no verá este nuevo día. Estos árboles y esas montañas. Pero lo que más me duele no es su muerte… Es sobrevivirle.

martes, 23 de diciembre de 2014

La caza de la ballena blanca



Pasos apresurados en cubierta le hicieron levantar los ojos del libro que dejó a un lado precipitadamente. Saltó del lecho y salió del camarote para lanzarse a la escalera que ascendía.

—¡Allí sopla! ¡Allí sopla! … ¡Una joroba como montaña de nieve! ¡Es Moby Dick!

Su vista se posó en la espalda del capitán que se erguía en proa sobre su pierna de madera. La caza había comenzado.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Ojo por ojo


Había encargado a un artista reproducir en pequeño formato el gran cuadro que mostraba a su hija antes del bombardeo. Y sería lo último que verían sus ojos cuando estrellase el zepelín contra la residencia del culpable del ataque. Ya no le quedaba nada que perder, salvo la vida, y la iba a entregar gustoso para acabar con el asesino de su hija y de tantos de sus conciudadanos.

Las alarmas antiaéreas atronaban sus oídos, pero ya era tarde para detenerle. Si le destruían caería sobre el palacio presidencial.

Allá abajo una niña miraba al cielo y en sus brazos se revolvía un gatito. La historia volvía a repetirse.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Blue Night

Las gotas de lluvia resbalaban por el ala de su sombrero. Se subió las solapas de la gabardina para evitar que el agua le empapase el cuello al tiempo que escuchó un repicar de tacones sobre la acera mojada. Una rubia platino se acercó con una sonrisa provocativa mientras él miraba sus piernas mojadas y su contoneo.

—Espero que no lleves mucho esperándome —dijo ella mientras abría ligeramente su gabardina para mostrarle que no llevaba nada debajo.

Como respuesta él la empujó suavemente hasta un callejón en penumbra y terminó de abrirle la gabardina mientras besaba su cuello y deslizaba la lengua hacia sus pechos.

La calle estaba desierta. Nadie escuchó los gemidos de placer, ni escuchó sus jadeos acelerados poco antes de llegar al clímax. Tampoco llegó a oídos de nadie el crujido del cuello de la chica rompiéndose cuando él se derramó dentro de ella.


Nunca me he sentido muy cómoda con esta temática, pero tampoco huyo de ningún reto. Una amiga me preguntó si sería capaz de hacer un micro con temática erótica y, bueno, esto es lo que surgió.