jueves, 22 de mayo de 2014

La búsqueda 2

El abuelo me contó la historia del Milagro y me aseguró que se había hundido no muy lejos de nuestra casa, así que esa noche salí a comprobarlo. Cogí una linterna y me dirigí a la cala. Desde ella podría ver el barco... si realmente aparecía. Al llegar allí me sentí un poco tonto, pero hacía una noche tan agradable que decidí disfrutar de ella. Llevaba un buen rato mirando al mar cuando me pareció ver una sombra sobre el agua. Una nube caprichosa ocultó en ese momento la luna llena y tuve que forzar la vista para descubrir qué era aquello. Aún esperando su aparición no pude evitar maravillarme de la visión del bergantín surcando las aguas. Y allí, en el puente de mando, el capitán del Milagro y la capitana del Delfín unidos en un eterno abrazo. Sus ojos me miraron y sentí una profunda tristeza y, a la vez, la alegría de saber que el amor puede vencer a la muerte.



La imagen del barco fantasma lleva tiempo rondando por mi cabeza. Las imágenes de barcos de vela antiguos pueblan mi perfil de Facebook. Ya escribí un microrrelato sobre un barco y a partir de ahí escribí una continuación que todavía estoy puliendo. Ahora aprovecho para añadirle un final. Tal vez algún día surja el relato completo y me de por satisfecha del resultado.

domingo, 11 de mayo de 2014

Tras las líneas enemigas

—Creo que me han descubierto.
—¿Qué?
—Al menos sospechan algo.
—¿Cómo se te ocurre venir aquí? —se quejó la otra mujer mientras miraba disimuladamente a su alrededor—. Nos pones a todos en peligro.
—Pero tengo miedo. Quiero que me saquéis de aquí. No puedo seguir con esto.
—No es tan fácil —contestó la otra mientras notaba un movimiento a su izquierda entre los arbustos—. Juraste que defenderías a tu país, que te sacrificarías por él.
—Pero soy muy joven para morir. Tengo toda la vida por delante…
—Yo también —contestó la otra mujer mientras sacaba una pequeña pistola de su bolsito y le apuntaba entre los ojos.
Disparó al tiempo que veía como de los arbustos salían varios hombres uniformados corriendo en su dirección. Se levantó mientras observaba el cuerpo de la otra mujer deslizándose al suelo y oscureciendo la tierra con su sangre. Se colocó la pistola en la mandíbula sin apartar la vista de los hombres que ya estaban casi junto a ella y volvió a disparar.


martes, 6 de mayo de 2014

Ella

Me gustaría ser esa
De la que anhelas un beso.
Pero sé que nunca lo seré.
Nunca seré ese cuerpo junto al tuyo.
Ni mis dedos recorrerán tu piel, tus labios.
Jamás diré eres mío ni yo soy tuya.
Ni me entregaré como nunca lo he hecho
Ni me perderé en tus brazos
Ni respiraré tu aroma
Ni descubriré tu sabor
No apoyaré mi cabeza en tu pecho
Ni me acurrucaré en tus brazos
Y lo sé, porque yo no soy ella.


Liberación global

El vendedor ambulante de alegría recorría la playa con su cargamento multicolor. Una pareja gris se acercó a él y, como magos siniestros, sacaron unas pequeñas tijeras y una billetera de la nada. Podrían haber sido dos amantes de los globos, pero eran dos policías de paisano. Las tijeras cortaron la ilusión del ambulante mientras su rostro se reflejaba en la chapa del agente. Las sonrisas y gritos de los niños acompañaron la huída de los presos, pero el vendedor no reía. Con ellos se marchaba el pan de aquella noche.


Este micro me lo inspiró la mirada de mi hija cuando contempló una situación semejante cuando era pequeña.