lunes, 13 de marzo de 2017

Reseña de "La máquina del tiempo" de H.G. Wells



Cuando quiero reseñar estos clásicos me encuentro con un problema: o lo he leído adaptado para jóvenes en aquellos clásicos de Bruguera, o he visto alguna adaptación cinematográfica. Y en este caso se trata de lo último, y por partida doble. No he podido dejar a un lado la película de 1960, con lo que toda la lectura la he realizado a través de los ojos de Rod Taylor. Es curioso que, después de tantos años, recuerde más esta versión que la más moderna de 2002, tal vez por la impresión que dejó en mí aquella película cuando era pequeña. Sabía lo que iba a suceder y leía casi precipitadamente para alcanzar el momento en el que se enfrenta a los morlocks, pero no por conocido he dejado de sufrir leyéndolo.

Intentando alejarme de esta visión, vuelvo a retomar lo que ya pensé con Jules Verne: que lo que más me gusta de este tipo de novelas es la capacidad que tienen sus autores para proyectarse hacia el futuro (en este caso literalmente) y tratar de explicar avances tanto tecnológicos como, en este caso, sociales. Wells reflexiona ante el progreso social de su época para buscar posibilidades. Hubiera sido interesante si no hubiera saltado tantos años en el tiempo y hubiera intentado imaginar nuestra sociedad actual, aunque su visión fatalista de hacia dónde llevaba la evolución no creo que nos hubiese dejado bien parados. No parece tener mucha confianza en el género humano, a diferencia de Verne. Tal vez porque este último no tuvo tan en cuenta la sociedad como la tecnología.

Poco más se puede decir de la novela sin caer en temas ya tratados por especialistas. Un libro fácil de leer, sin las especificaciones y digresiones que veíamos en Verne y que, por ello, sentimos más cercano a nuestra propia época a ese personaje del Viajero a través del Tiempo.

domingo, 12 de marzo de 2017

Reseña de "1280 almas" de Jim Thompson




Jim Thompson o al menos “1280 almas”, ya que es el único libro del autor que he leído de momento, no es apto para mentes constreñidas por la idea de lo “políticamente correcto”. Este libro no lo es. El protagonista, Nick Corey, es un antihéroe, es todo lo contrario de lo que podríamos esperar… o tal vez no esperábamos que fuese un héroe ni siquiera desde el principio. En ese principio encontramos a un vago e indolente agente de la ley que vive en un pueblucho de 1280 almas, aunque entre estas almas no estén contados todos sus habitantes, por las razones de las que nos habla uno de los personajes en la novela. Este “modélico” agente de la ley se encuentra sometido a su mujer, a los macarras del burdel, al sheriff de un pueblo cercano, a las autoridades… casi, casi a todas las almas de Potts County. Por eso sonreímos cuando se autoproclama como una especie de donjuán. Es zafio, poco inteligente y nada valiente… o tal vez solo sea una fachada para conseguir mantenerse en su puesto no haciendo nada, que es lo único que sabe o parece saber hacer. Sus intentos para mantener ese “statu quo” nos parecen, en un principio, casi infantiles, aunque consigue su objetivo y, encima, ganarse un posterior aliado. Así que con esa conducta infantil y sometida nos comienza a cautivar hasta que descubrimos su mente maquiavélica y su nula moral, aunque lo hace de una manera tan descuidada que no sabemos si hace un esfuerzo real para que las cosas cambien. Pero en este momento de la novela en la que comenzamos a intuir su juego, ya hay algo en él que nos atrae y, a pesar de sus actos, descubrimos que nos estamos uniendo a él en su venganza. En el camino pierde esa “inocencia” que ya no sabemos si era fingida o no, para descubrir a un hombre nuevo con una sola idea en la cabeza, continuar como al principio después de conseguir librarse de todos los obstáculos que pueden impedir su tranquilidad. En un momento dado podríamos creer descubrir cierta ideología en sus acciones, pero esa idea pronto se desvanece; su único dios es él mismo, aunque parezca que ni él mismo lo sepa, ni sepa hacia dónde camina. Solo sabe que quiere continuar del mismo modo que había comenzado, caiga quien caiga y de la manera en que caiga y deje de ser un impedimento. Durante toda la novela creemos que son los demás los que van llevando a Nick a hacer lo que hace, pero no es así; ese paleto de pocas luces no es lo que aparenta.

Una lectura que hay que comenzar con la mente muy abierta y sin tratar de juzgar al personaje, solo seguirle en sus pasos hacia ningún sitio, o mejor dicho, hacia el “no cambio”, aunque el final abierto nos deje con la duda de si las cosas volverán a ser iguales después de haber cambiado.

Reseña de "El castillo en el aire" de Diana Wynne Jones


Después de haber leído “El castillo ambulante” esperaba más de ese nuevo libro. No sé si llamarlo segunda parte o cómo llamarle. Algunos de los personajes de la primera aparecen casi al final y he de decir que, para mí, fue la parte más interesante y que más me gustó. No porque le resto de la novela no fuera buena, es que ya conocía la historia y no me dijo nada nuevo. Hasta que no abandonó el relato original de “Las mil y una noches” (porque esa es la historia que la autora nos está contando hasta bien entrado el último tercio del libro), no parecen tomar consistencia los personajes. Son estereotipos y solo continué su lectura por el buen sabor de boca que me había dejado el primer libro de la saga de Howl. Cuando la autora se aleja de ese cuento oriental es cuando los personajes parecen individualizarse.

Poco más puedo decir del relato, solo que tal vez aquellos que no conozcan la historia puede que disfruten de ella desde el principio. En mi caso no ha sido así porque sentía como si estuviese releyendo el mismo libro. Algún personaje conseguía volver a atraer mi curiosidad, pero al tratarse de personajes secundarios, este interés no duraba mucho porque desaparecían del escenario. Incluso cuando la historia ha comenzado a desviarse, ciertas insinuaciones de la autora me han llevado a descubrir la sorpresa antes de que se desvelase. Así que este libro ha pasado sin pena ni gloria por mis manos.