martes, 6 de mayo de 2014

Liberación global

El vendedor ambulante de alegría recorría la playa con su cargamento multicolor. Una pareja gris se acercó a él y, como magos siniestros, sacaron unas pequeñas tijeras y una billetera de la nada. Podrían haber sido dos amantes de los globos, pero eran dos policías de paisano. Las tijeras cortaron la ilusión del ambulante mientras su rostro se reflejaba en la chapa del agente. Las sonrisas y gritos de los niños acompañaron la huída de los presos, pero el vendedor no reía. Con ellos se marchaba el pan de aquella noche.


Este micro me lo inspiró la mirada de mi hija cuando contempló una situación semejante cuando era pequeña.

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