domingo, 11 de mayo de 2014

Tras las líneas enemigas

—Creo que me han descubierto.
—¿Qué?
—Al menos sospechan algo.
—¿Cómo se te ocurre venir aquí? —se quejó la otra mujer mientras miraba disimuladamente a su alrededor—. Nos pones a todos en peligro.
—Pero tengo miedo. Quiero que me saquéis de aquí. No puedo seguir con esto.
—No es tan fácil —contestó la otra mientras notaba un movimiento a su izquierda entre los arbustos—. Juraste que defenderías a tu país, que te sacrificarías por él.
—Pero soy muy joven para morir. Tengo toda la vida por delante…
—Yo también —contestó la otra mujer mientras sacaba una pequeña pistola de su bolsito y le apuntaba entre los ojos.
Disparó al tiempo que veía como de los arbustos salían varios hombres uniformados corriendo en su dirección. Se levantó mientras observaba el cuerpo de la otra mujer deslizándose al suelo y oscureciendo la tierra con su sangre. Se colocó la pistola en la mandíbula sin apartar la vista de los hombres que ya estaban casi junto a ella y volvió a disparar.


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