sábado, 26 de abril de 2014

El hombre Omega

Era el último. Todos los suyos habían muerto ya. Tantos años acabando con especies y ahora los humanos eran animales en extinción. Esta vez la madre Gaia no protestaría. Los engulliría para liberar a sus otros hijos de este bastardo que nunca debió de nacer. Pero todavía quedaba un hombre en cuyas manos estaba la salvación o condenación de toda su raza. Y ahora marchaba solo por lo que años antes había sido una calle concurrida, acompañado únicamente por sus pensamientos. Podía salvar a la Humanidad gracias a sus estudios genéticos, pero tal vez fuera mejor arrancar aquel parásito, aquella carcoma que roía la Tierra. Se detuvo para mirar el sol que calentaba sus huesos y una frágil mariposa se posó en su hombro. La miró. Ahora estaba seguro de su decisión.


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