martes, 23 de diciembre de 2014

La caza de la ballena blanca



Pasos apresurados en cubierta le hicieron levantar los ojos del libro que dejó a un lado precipitadamente. Saltó del lecho y salió del camarote para lanzarse a la escalera que ascendía.

—¡Allí sopla! ¡Allí sopla! … ¡Una joroba como montaña de nieve! ¡Es Moby Dick!

Su vista se posó en la espalda del capitán que se erguía en proa sobre su pierna de madera. La caza había comenzado.

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