martes, 13 de enero de 2015

El bardo

Sonidos alegres flotaban en la noche estival. Canciones, risas, susurros e historias alrededor del campamento itinerante. Dos niños se acercaron sigilosos para contemplar a los viajeros. Todos los años pasaban por allí por las mismas fechas procedentes de lugares lejanos y en dirección a quién sabe qué lugares maravillosos. Los aldeanos les temían y prohibían a sus hijos acercarse.
—Practican la magia —les decían.
Pero esas palabras no hacían sino despertar más aún la curiosidad de los pequeños. Y todos los años volvían a escaparse para escuchar sus narraciones ocultos en la oscuridad y ver cómo las imágenes flotaban en el aire.
La figura de un dragón plateado se acercó a los pequeños, giró sobre sus cabezas y volvió a la hoguera de donde procedía. El hombre que se encontraba de pie junto a ella sonrió en su dirección y continuó con la historia mientras todos escuchaban atentos envueltos por las imágenes del relato.



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