martes, 13 de enero de 2015

El limpiador de sombras

—¡Señoras! ¡Señores! ¡Ha llegado el limpiador de sombras! —Se oyó chillar desde las alturas—. ¡Limpiamos todo tipo de sombras! ¿Tiene mala sombra? ¿En su trabajo alguien le hace sombra? ¡Nosotros acabamos con ellas!
La gente miró sorprendida hacia el artefacto que les sobrevolaba.
—¡Garantizado! —volvió a oírse gritar—. ¡Si no queda satisfecho le devolvemos el dinero!
Primero fueron niños curiosos los que se acercaron al aparato volador que había descendido en la plaza. Pronto a ellos se unieron paseantes ociosos y otros intrigados por la oferta. Al final de la tarde solo una niña conservaba su sombra.
—¿Por qué no vas a que te la quite? —le preguntó una compañera—. ¿De qué te sirve?
—Es mi amiga —contestó la pequeña.
—Eres muy rara —opinó la otra con un mohín mientras se alejaba.
—Son capaces de abandonar una parte de sí mismos y yo soy la rara —susurró la niña mientras se alejaba con la única compañía de su sombra.



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