jueves, 25 de mayo de 2017

Reseña de "Vampiro Zero" de David Wellington



Esta es la tercera entrega de la cruzada de Laura Caxton contra los vampiros. Las dos primeras me parecieron de lo mejorcito que había leído sobre vampiros. Entendámonos, lo que hasta la saga de Crepúsculo todos habíamos creído vampiros, es decir, malos que consideraban a los humanos mero ganado. Las dos entregas anteriores habían mostrado el aprendizaje de la agente de tráfico Laura Caxton en su lucha contra los vampiros bajo la tutela de su “mentor” Jameson Arkeley. Tenía mucha acción y se mantenía la tensión. Teníamos a dos personas de carne y hueso con sus problemas personales y sus contradicciones jugándose la vida por acabar con la plaga de chupasangres. Si no habéis leído estos dos libros y los queréis leer, no sigáis leyendo esta reseña. Si los habéis leído o no pensáis hacerlo, seguiré con lo que me ha parecido esta tercera entrega.

Como decía, el buen sabor de boca que me dejaron estos primeros libros hizo que comenzase el tercero por saber qué había sido de Arkeley. Se prometía como una lucha épica entre el maestro y la alumna. De ahí mi desilusión pasadas varias páginas. Arkeley tendría que haber dejado que Laura fuera pasto de los vampiros y buscarse una alumna aventajada. Por tres veces a lo largo del libro ella misma nos dice que su mentor le había enseñado que era estúpido quedarse encerrada en un lugar con una sola salida cuando luchas con vampiros, y por tres veces la protagonista se mete solita en esa situación. La “experta” en vampiros, Laura Caxton, alumna del reconocido “cazador de vampiros” Arkeley, no muere de casualidad por no seguir las normas básicas que cualquiera de sus lectores, incluso los neófitos en lecturas de asesinos sabemos: no te refugies en un sitio donde la única salida está protegida por el malo. A no ser que seas James Bond o un superhéroe, claro. Y luego su burdo intento de ser la dura de la película. Afortunadamente para ella, Arkeley perdió sus buenas cualidades al convertirse en vampiro. Es curioso que parezca más humano que la propia Laura. A modo de broma comenté mientras leía que ya podía suicidarse el vampiro porque ella no lo iba a matar. Bueno, casi acierto. Y eso de asustarse de no encontrar la salida en la escena final, siendo que ha seguido el camino perseguida por un vampiro enloquecido sin dudar un solo momento y que, ahora que está más calmada, se crea incapaz de volver, no tiene precio.

En resumen, los personajes han perdido ese toque que me atraía en los libros anteriores. Como he dicho, el vampiro Arkeley parece tener más humanidad que la propia humana. La historia no tiene la emoción de sus predecesoras. Parece más de relleno. Y los despistes u olvidos de la experta no pueden justificarse. Situaciones que para el lector un poco reflexivo saltan a la vista, para ella son un trauma y casi recurre a la magia para explicarlos. Atentos al momento en el que le dispara al corazón al antiguo policía y no lo mata, y luego se pregunta el porqué. Pensad un poco en lo que acabo de explicar y seguro que lo descubrís antes que la “experta”.

Es una lástima que se corte así la buena dirección en la que caminaba esta saga que continúa con dos libros más que ya no tengo tantas ganas de leer después de esta desilusión.

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