lunes, 12 de diciembre de 2016

Reseña de "Ni colorín ni colorado" de Rafael González





Como bien indica el título, estamos ante un conjunto de cuentos muy conocidos por todos. Pero el autor en algún momento se preguntó si esos cuentos tradicionales podían contarse de otra forma. Y lo ha conseguido. Se trata de historias que todos hemos leído o escuchado, incluso hemos visto, en algún momento de nuestra vida. Pero, como un Disney malévolo, Rafael González les ha dado una vuelta de tuerca para lograr “Ni colorín ni colorado”. Como podemos suponer por su título, las historias no terminan con sus protagonistas comiendo perdices. Algunos finales pueden ser intuidos si conocemos el cuento original, pero ninguno acaba como sus modelos. Otra característica importante es que se atreve a adaptar la historia a diferentes géneros, y así llegamos a encontrar ciencia ficción, steampunk, western y, por supuesto, terror, apartándose totalmente de la visión que Disney nos ha mostrado de esos cuentos infantiles. Como he dicho, unos son más fácilmente reconocibles que otros. Algunos no llegamos a hacerlo hasta el final, pero a todos les ha buscado un enfoque original.

La mayoría de los protagonistas no son esos personajes planos de los cuentos originales. Tienen sus motivaciones o son conscientes de que las circunstancias les obligan a actuar como lo hacen. No hay buenos o malos en sentido estricto. Incluso personajes que, en sus originales, estaban en un bando, ahora podemos encontrarlos en el opuesto.

Otro aspecto que quiero destacar del libro es su cuidada edición. A pesar de ser un libro auto editado, se nota el esmero que su autor ha puesto en él, superando en calidad de edición incluso a algunos de editoriales de renombre, con lo que nos desmiente la idea preconcebida de que la autoedición es sinónimo de baja calidad. En este caso, se muestra claramente que no es así.

Con todo lo dicho anteriormente, creo que ha quedado clara mi opinión sobre esta colección de cuentos a los que ha sabido dar una vuelta para que dejemos de tener esa visión idílica que Disney nos ha mostrado. Cuando cerramos el libro nos queda esa sensación de preguntarnos: ¿por qué no?

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